Los primeros testimonios documentales

Mucho antes de que se organizara la polémica en torno a nuestro vecino hombre de Orce, cuya autenticidad sólo puede hacernos considerar la posibilidad de retrasar algo en el tiempo los escarceos humanos en la región, ya se había puesto de manifiesto la existencia de lugares que parecían haber sido escogidos por estos primeros habitantes para realizar algunas de sus más elementales actividades.

Los enclaves de Cúllar de Baza, en Granada, y el Puerto de Santa María, en Cádiz, inician en el tiempo la que va a ser una no excesivamente prolija relación de testimonios de la presencia del hombre, cerrando el círculo cada vez más sobre las tierras malagueñas. Quizás el más inmediato en este sentido, en un territorio que no conocía límites administrativos, sea el que tiene el mérito de haber sido localizado, no hace mucho, en las cercanías de Fuente Camacho, llamando ya  a las puertas que la provincia de Málaga tiene en las tierras de Archidona.

Cúllar de Baza, en Granada; Aculadero y Conil, en Cádiz; El Rompido, en Huelva; Carmona, en Sevilla,... evocan lugares de Andalucía donde el hombre se detuvo el tiempo suficiente para dejarnos involuntariamente testimonios mudos de su primitivo quehacer. Restos de rudimentaria tecnología y desechos de sus comidas demuestran una ocupación originariamente dispersa, con actividades aisladas, hace casi un millón de años. La conservación de los vestigios arqueológicos, siempre caprichosa y sujeta a múltiples variables, puede ser la única culpable de que Málaga no participe todavía, con ejemplos conservados, en una Historia que sin duda debía iniciar a la par el resto de Andalucía.

No nos cabe duda de que los recursos existentes en los abrigados y cálidos valles de Málaga atraerían su atención. Sólo algo después de la primera ocupación detectada en suelo andaluz lo vemos ya aprovechando sus territorios.

Dolmen (Antequera)Sería el Valle del Guadalhorce, probablemente, el que primero ofreciera su riqueza. Con materias primeas para elaborar las rudas herramientas y caza en torno a las riberas del río, las tierras del término municipal de Archidona, por donde discurre una vez adquirida su categoría real, podrían ser las que se llevaran el honor de haber sustentado a aquellos, por lo menos transitoriamente, primeros malagueños. De allí se conservan en la actualidad, en el Museo Arqueológico Provincial, algunos útiles, sin duda fabricados por el hombre. La técnica que reflejan, el material utilizado y el tipo de herramienta evocan un paralelismo con los de los más viejos habitantes de Andalucía. Quizás fueran los mismos que en su deambular utilizaran el territorio frente a la conocida Fuente de la Yedra, de donde se nos han conservado escasos vestigios, moviéndose siempre por el reborde de la depresión y sin aventurarse, al parecer aún, en las tierras bajas, donde podían quedar aislados por las crecidas de una Guadalhorce de caudal muy superior al actual. Si lo anterior nos habla del comienzo de esta etapa, de su final lo haría un número algo mayor de testimonios que encontramos distribuidos, desde el nacimiento del Guadalhorce hasta su desenlace en la depresión, a través de los términos de Villanueva del Rosario y Villanueva del Trabuco, lamentablemente arrastrados por la erosión y mezclados con materiales más tardíos por la fuerza de las aguas, sin que para ellos puedan precisarse características ni cronología. ejemplo de estos procesos naturales que enmascaran aquella vieja historia sería la concentración, a través de diversas épocas, de restos de herramientas, algunas, aunque escasísimas, de innegable antigüedad, que aparecen en Villanueva del Trabuco, en el lugar que se conoce como el Ventorro del Cojo.

Antes hemos aludido a la vieja presencia del hombre en las cercanías de Fuente Camacho que, aunque en el término municipal de Loja, en la provincia de Granada, se vincula a las tierras nororientales de Málaga. Aquí tenemos la demostración de hasta qué punto había avanzado la tecnología al final de este primer periodo. Bellas hachas de mano, propias de lo que en Europa se ha venido a llamar la cultura achelense, quedaron abandonadas sobre el terreno, tras su utilización, hasta ser rescatadas por aquellos que aprecian sin duda el valor de nuestros vestigios más antiguos.

Es casi en el extremo opuesto de una teórica diagonal sobre el plano de la provincia donde encontramos otra evidencia de características similares. En Marbella, en la zona conocida como Las Chapas, existen aún signos fosilizados que los expertos relacionan con la primitiva línea de costa, al menos veinte metros más elevada que en la actualidad. De allí fueron recogidas, y se conservan en los fondos municipales de ayuntamiento marbellí, aguardando ser completadas por todos, algunas de estas antiguas hachas de innegable calidad e interés científico, que cierran en el tiempo los testimonios documentales de Málaga.

Autor: José Enrique Ferrer Palma

Profesor titular de Prehistoria de la Facultad de Filosofía y Letras

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