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(Transcripción íntegra del capítulo IV del espléndido trabajo realizado por Nicolás Cabrillana Ciézar- El Problema de la tierra en Málaga: Pueblos desaparecidos) |
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La Peste Negra y otras crisis |
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Los relatos de los cronistas nos suministran tal cantidad de nombres de lugares y aldeas de la actual provincia de Málaga que uno queda realmente sorprendido. En el Islam medieval hispano, los grupos
étnicos, establecidos en una gran propiedad rural, tuvieron una importancia cultura de gran valor como puso de relieve
Ibn Haldun; grupos étnicos que dieron lugar al nacimiento de aldeas, unidas por lazos agnáticos, base de los sentimientos de grupo y de nación. No se tienen datos concretos sobre el paso por nuestra comarca de, posiblemente, la mayor catástrofe demográfica de la historia. La epidemia comenzó en Asia Central y, por los puertos mediterráneos, penetró en Europa Occidental, extendiéndose por todo el continente. Las ratas de los barcos, contagiadas del mal, contaminaron las mercancías y, a través de las vías comerciales, sembraban la muerte en las zonas del interior. Las pulgas de las ratas contaminadas fueron, a su vez, eficaces portadoras de la epidemia. A. López de Meses y Ch. Verlinden han aportado datos concretos sobre los efectos de la Peste Negra en la parte oriental de España. Sabemos que estando Alfonso XI de Castilla cercando la ciudad de Gibraltar "teniendola ya en grande aprieto comenzaron los suyos a morir de pestilencia, muy reciamente". El propio rey murió de la Peste Negra el 26 de Marzo de 1350. años antes, en junio de 1348, morían diariamente en Almería más de setenta personas, como afirma el historiador árabe Ibn al-Khátimals (2). si la epidemia ha sido documentada en toda Europa, y se sabe que afectó a Gibraltar y Almería, nada impide suponer que también en la comarca malagueña debió influir en la despoblación de muchos lugares. No menos funesto fue para la actual provincia de Málaga el siglo XV en el que las talas de grandes extensiones de tierras por parte de los cristianos fueron minando las estructuras agrarias de las zonas más productivas del territorio. El 12 de octubre de 1407 las milicias de Antequera, conducidas por el Maestre de Santiago Gomes Suárez de Figueroa, llegaron hasta las cercanías de Coín, quemando las aldeas de Palmete y Camarchente (3). Otra parte del ejército, mandado por Pedro Ponce de León se dirigió hacia los Montes de Málaga, quemando en su recorrido tres aldeas: Cutilla, a legua y media de Málaga; Luxar, que no he podido identificar y Santillán. El topónimo de esta aldea destruida en octubre de 1410 ha permanecido en unos caseríos del término de Benagalbón y da nombre a un arroyo. Junto al actual caserío de Santillán, de estructura bastante compleja, se observan muestras de gruesos muros y hornos arruinados. Cerca de una parcela, ocupada por olivos, se denomina "El Corral", que pudo ser el cercado comunal donde los vecinos encerraban de noche el ganado. No lejos está la fuente que hasta hace unos veinte años surtía de agua a los cortijeros, antes de cavar los pozos actuales. A otra parcela, plantada de higueras y olivos, llaman "el cementerio", observándose gran cantidad de restos de ladrillos. Aunque recientemente los caseríos están siendo reparados por vecinos de Málaga, que pasan allí sus fines de semana, el campo está sumido en un gran abandono; las veguetas del Arroyo Santillán han sido invadidas por los cañaverales, que ocultan escuálidos naranjos, almendros e higueras. En tiempos de Juan II de Castilla tuvo lugar la despoblación de las comarcas de Antequera y Archidona en las que, prácticamente desaparecieron todas las aldeas musulmanas. Las razzias organizadas desde la fortaleza de Antequera, rotas las relaciones diplomáticas entre el rey de Castilla y el de Granada, fueron especialmente funestas para los pequeños centros rurales. Pedro de Narváez y el señor de Valdecorneja fueron famosos por las destrucciones de Cuevas Altas y cuevas Bajas (4). Mosen Diego de Valera nos relata las entradas de Enrique IV de Castilla por las comarcas de Alora, Coín y Cártama, arrasando campos de cereal y viñas. Durante los días 4 al 10 de mayo de 1455 las destrucciones fueron continuas. "En el qual tiempo se hizo azaz daño en panes y en viñas, y se hubieron algunas escaramuzas, en que murieron mas moros que cristianos, aunque no fueron muchos, y se quemaron en rabato dos lugares, que se llaman el uno Popiana y el otro Laolin con una fortaleza azaz buena" (5). Despoblados de alfoz de Antequera Tras la conquista de Antequera por el Infante D. Fernando, el 24 de septiembre de 1410, se produjeron importantes modificaciones en su extenso alfoz. el hecho de que esta ciudad conservara, durante largos años, su carácter de fronteriza no la hizo especialmente apetecible a los pobladores cristianos. La ciudad de Málaga gozaba de un enorme prestigio por su riqueza, por la fuerza de sus fortificaciones, por sus habitantes, intrépidos en el comercio y en la guerra por lo que ser vecina de tal emporio, económico y militar, no favoreció la normal repoblación de la ciudad de Antequera, ni mucho menos los lugares menos atractivos económicamente y más expuestos a posibles ataques de los musulmanes. Tres lugares de su alfoz: Aznalmara, Xebar y Cauche pasaron ala categoría de despoblados. El lugar de Aznalmara, situado al S. O. de Antequera, fue ocupado en septiembre de 1410 por D. enrique, conde de Niebla y primo del Infante, a quien acompañaba el Condestable de Castilla Ruiz López Dávalos. Es de suponer que tan importantes caballeros fueron acompañados de una considerable hueste, por lo que los moradores del pequeño lugar mulsumán, aunque hostigaron algo, gracias a una poderosa torre, no pudiendo resistir a los castellanos lo abandonaron. Estuvo situado en el actual cortijo del Águila. Parecida suerte corrió el lugar de Xebar, topónimo que da nombre a un arroyo, que nace junto al despoblado, al sur de Antequera. Sus fortificaciones no debían de ser nada despreciables, pues el Condestable de Castilla, y el conde de Niebla necesitaron la ayuda de las huestes del Comendador Mayor y del Arzobispo de Santiago, que, precisamente, fue herido por los musulmanes asediados, que acabaron rindiéndose sin condiciones. El Infante don Fernando, para la seguridad de la zona, nombró alcalde del castillo a Pedro Sánchez de Escobar. Cauche (Coche) fue un lugar situado al S. E. del alfoz de Antequera, y corrió la misma suerte que los anteriores lugares. su actividad agrícola casi desapareció, interesando sólo el valor estratégico de su castillo. Los arqueólogos afirman que en el sitio del actual despoblado tuvo su sede la ciudad romana de Aratispi, que tras decaer en época del Bajo Imperio mantendría una escasa población hasta desaparecer definitivamente tras la conquista cristiana de Antequera. Durante la minoría de edad del rey Juan II de Castilla, su madre doña Catalina de Lancaster y su tío el Infante don Fernando donaron los términos de los tres lugares despoblados al concejo de Antequera, con jurisdicción civil y criminal (6). Ignoro si el cabildo municipal antequerano tomó muy en serio la repoblación de los lugares; como se ha dicho, la circunstancia negativa de su situación fronteriza no se prestaba a ello. Los castillos musulmanes de Álora, Almogía y Comares vigilaban las tierras vacantes de los tres lugares abandonados. Un desierto estratégico separó las ciudades de Antequera y Málaga durante más de 70 años. Centenares de kilómetros permanecieron sin lugares de población estable, pues téngase en cuenta que Casabermeja, Colmenar y Riogordo no surgen sino bien entrado el siglo XVI. El despoblado de Ortegicar La Crónica de Juan II de Castilla narra cómo en octubre de 1407, estando el ejército sitiando la villa de Setenil, algunos nobles organizaban entradas en tierras musulmanas para ganar esclavos, cereales, ganado y joyas. Uno de los más activos capitanes era Gómez Suárez de Figueroa, hijo del Maestre de Santiago, que en una expedición de castigo sorprendió a la guarnición de Cañete y lo ocupó. El 12 de octubre de ese año el mismo jefe, acompañado de gran cantidad de nobles y mil quinientos lanceros logró rendir la villa y castillo de Ortexicar, cuyos habitantes musulmanes tuvieron que evacuarla. Este pueblo, tras su conquista, pasó a dominio señorial, cambiando totalmente la estructura de la propiedad agraria; las parcelas de las familias musulmanas pasaron a constituir un gran latifundio que ha perdurado hasta nuestros días. Actualmente es un cortijo, que conserva su hermosa torre medieval, situado en el término de Cañete la Real, no lejos del Km. 26 de la carretera 341, entre Teba y cuevas del Becerro. Debió de ser un poblado romano ya que sus tierras están atravesadas por una calzada también desaparecida; un puente romano sobrevive milagrosamente no lejos de las paredes del cortijo. No podemos atribuir, por tanto, la despoblación de muchas entidades de población al simple efecto de la guerra, sino más bien a la situación resultante de la creación de una frontera estratégica, establecida entre cristianos y musulmanes, en las que las condiciones económicas y políticas cambiaron totalmente las anteriores estructuras agraria, demográfica, etc. Este fue el caso de Ortegicar. Toda la fértil comarca que rodea al valle del río Guadalteba fue conquistada en la época de Alfonso XI, que procedió a la repoblación de Cañete la Real., Teba, cuevas del Becerro, etc. Sin embargo Ortegicar, a pesar de sus hermosas torres, era de difícil defensa por estar en una zona llana, que la hacía vulnerable a las posibles razzias organizadas por los musulmanes de la Serranía de ronda o de la sierra de Alcaparain. De ahí que, tras ser abandonada por sus habitantes en 1328, no siendo apetecible a los repobladores, el rey castellano la donó a la familia cordobesa de los Cárdenas, que explotaron sus ricas tierras según la difícil situación fronteriza lo permitía. A mediados del siglo XV, la familia sevillana de los Girón deseó extender su mayorazgo por la fértil comarca del Guadalteba y consiguió, por la Real Provisión otorgada en Córdoba el 31 de diciembre de 1464, que Pedro de Cárdenas traspasara la propiedad de Ortegicar al Maestre don Pedro Girón, o a su hijo don Alfonso Téllez. Así la villa despoblada, convertida en una enorme finca de 2.997 fanegas, pasó a engrosar el patrimonio del condado de Ureña, años más tarde, Ducado de Osuna. Un documento del siglo XVIII nos describe el enorme caserío de Ortegicar: un corral llamado del Concejo, un castillo antiguo, de construcción árabe, de cuatro paredes iguales de trece varas cada una, con cuatro pisos; en el bajo hay una habitación y en los altos seis, destinado todo a almacenes de semillas y maderas... (7). Los Girón supieron explotar al máximo las posibilidades agrarias del despoblado. En la hermosa torre cuadrada de Ortegicar se instaló un alcaide, que ejercía celosamente su función judicial en nombre del conde de Ureña, su señor, así como un alcalde ordinario, un alguacil y un escribano que redactaba sus actas "en la villa despoblada de Ortegicar..." Todo transcurría como si se tratara de un auténtico municipio, con sus reuniones de concejo, su cárcel en donde eran encerrados los ganaderos y cazadores furtivos sorprendidos por los guardas, etc. El mayordomo de los Girón llevaba celosamente las cuentas de los renteros a los que se cedían parcelas del enorme despoblado, así como del cuantioso diezmo que debía pagarse a la iglesia. Téngase en cuenta que Ortegicar se componía de: 256 fanegas de regadío 1.741 fanegas de labor de secano 550 fanegas de monte bajo de romeral y 450 fanegas de sierra. El enorme "donadio" limitaba al norte con el arroyo del Salado, al sur con las tierras del cortijo del Charcón del término de Cañete la Real, al Este con el cortijo del Mojón del término de Teba y al oeste con el arroyo del salado. Andando el tiempo, tras la conquista de Ardales, de Casarabonela y de Ronda y su Serranía, la situación estratégica de Ortegicar cambió radicalmente al desaparecer su condición fronteriza. Pero sus propietarios, los condes de Ureña, no desearon llevar a cabo la repoblación del donadio, sino explotar el enorme latifundio parte directamente, parte mediante renteros, labradores faltos de tierras, de los pueblos limítrofes de Teba, Ardales, Cañete la Real, El Burgo, Ronda Yunquera, etc. Pronto empezaron las apetencias de los municipios vecinos por apoderarse de porciones del rico donadio de Ortegicar, apetencia que hicieron difícil la tarea del alcaide y de sus guardas rurales. Pronto surgieron los pleitos, principalmente con ronda, único municipio con renta suficiente para poder enfrentarse al conde de Ureña y a los cuantiosos gastos de justicia originados en los tribunales reales. apenas habían terminado las tareas de la repoblación de la Serranía de ronda cuando los Reyes Católicos enviaron una provisión al bachiller Juan alonso Serrano, otorgada en Sevilla el 23 de marzo de 1490, en la que exponían que el Concejo rondeño se quejaba de que parte de estas tierras limítrofes con Ortegicar estaban siendo labradas por renteros del despoblado. Los Reyes mandan al bachiller Juan Alonso Serrano que inspeccione los mojones y aplique la Ley de Toledo, devolviendo a Ronda lo que le hubieran quitado. Así se originaron largos pleitos entre la capital de la Serranía y los condes de Ureña, pleitos que se eternizaban en la Real chancillería de Granada. Quizá por los conflictos que Ortegicar originó al condado de Ureña, el 4 de abril de 1520, su titular don Juan Téllez Girón otorgó poder al Comendador Alfonso Navarro, vecino de Sevilla, para que pudiera vender por dos millones de maravedís o más, el lugar de Ortegicar, con su fortaleza, jurisdicción civil y criminal mero misto imperio, con sus rentas, pechos y derechos, diezmos, pastos, aguas y todo lo que le pertenecía. La venta no llegó a realizarse y el despoblado continuó formando parte del condado. Un pleito ruidoso, que pone de relieve el hambre de tierras que padecían los labradores de la comarca, fue iniciado por la ciudad de Ronda el 22 de septiembre de 1568, cuando el propietario de Ortegicar era ya conde de Ureña y duque de Osuna. El litigio surgió por una zona de unas 36 fanegas de tierra, limítrofe con el término de ronda, llamada la Regentilla. Ambas partes contrincantes aportaron pruebas ante la Real Chancillería de Granada y mediante laboriosos interrogatorios a labradores de los municipios circunvecinos trataron de defender su derecho a la posesión y explotación de las tierras de la "Regentilla", como le llamaban los testigos aportados por ronda, o de la "Dehesilla" como, a la misma zona, llamaban los testigos designados por el duque de Osuna. Los de Ronda afirmaban que las tierras de la Regentilla habían sido roturadas por vecinos de ronda y el Burgo, su aldea, pero que los de Ortegicar habían mudado el mojón de los acebuches, habían roto los mojones viejos y hecho otros nuevos y no verdaderos, ocupando lo realengo de la ciudad; que las roturaciones habían sido hechas, hacía más de veinte años por un tal Guerrero, aguzetero, un tal Castro y Antón Sánchez Blanco, todos rondeños, previo permiso del Concejo y siendo vigilados por los guardas de Ronda. el procurador del duque de Osuna afirmaba que era la ciudad de Ronda la que hacía cambiar los mojones, metiéndose en el término del donadío en una extensión de más de 200 fanegas de tierra, pero que el alcaide de Ortegicar siempre se había opuesto a la usurpación, mandando segar lo sembrado por los labradores rondeños e impidiéndolo con sus guardas. Que habiendo ido a Ronda el alcaide ordinario de Ortegicar, Juan García Falla, para defender los derechos del duque, la justicia de Ronda lo tuvo muchos días preso en la cárcel pública en la que le "dio el mal de la muerte", por lo que lo soltaron con fianza, pero murió a los pocos días. Igualmente el procurador del duque, asesorado por los testigos, declaraba que los labradores que habían cambiado los mojones del cerro de los Acebuches, bajándolo hasta el camino de las Cruces que va a Casarabonela, eran unos labradores burgueños llamados Gallardo, y que si no se remediaban tales usrpaciones habrían "questiones y muertes de hombres". A la normal lentitud de la justicia se añadieron los inconvenientes debidos al estallido de la rebelión de los moriscos, que ocupó a los tribunales con asuntos más urgentes e impidiendo las inspecciones a zonas montañosas cercanas a lugares rebelados. El 26 de marzo de 1574 el tribunal de la Chancillería de Granada dio sentencia a favor del duque de Osuna, D. Pedro Girón, por haber probado que las tierras de la Regentilla, habían pertenecido desde tiempo inmemorial a su casa y mayorazgo, formando parte del despoblado de Ortegicar, zona que no se labraba, sino que servía para descanso de los arrendadores de tierras de donadía (8). La casa ducal de Osuna continuó dedicando las tierras de Ortegicar a la producción de trigo; el despoblado ha sido, durante siglos, un auténtico granero provincial, sin cuya existencia se habrían originado auténticas hambrunas. En el enorme corral de Ortegicar convergían arrieros de la Serranía de Ronda, de la Hoya de Málaga... cuyas largas recuas de mulos y asnos transportaban el trigo que faltaba en sus lugares de origen. La villa despoblada de Turón Lindando con las tierras del despoblado de Ortegicar encontramos las ruinas de la villa y castillo de Turón, la antigua Turobriga, un fuerte bastión erigido por los árabes para defender la frontera del reino nazarí. Conquistado en 1433 por el Adelantado Gómez de ribera, sus habitantes huyeron o fueron expulsados y nunca más volvió a repoblarse. sus tierras lindan con Ardales (E.) en cuyo término están comprendidos Teba (N.), Serrato y Ortegicar (O.) y El Burgo (S.). Durante siglos ha pertenecido a la casa de los Guzmán, condes de Teba y marqueses de Ardales, que dividieron el término del despoblado en diversos cortijos, casi siempre arrendados a labradores de Ardales, cuyos vecinos disfrutaban, gratuitamente, de los pastos para el ganado, de la leña necesaria para sus hogares y de la madera para la construcción de sus casas y la elaboración de los instrumentos de labranza. Desde época muy temprana el señorío de Turón y el condado de Ardales estuvieron bajo un único Alcalde Mayor, nombrado por el titular de la Casa de los Guzmán, hasta el punto de que el Ayuntamiento de Ardales llegó a considerar las tierras de Turón como si fueran parte de su término municipal. Por ello, cuando a partir de 1569 surgieron una serie de pleitos entre la villa de Ardales y el marqués, los vecinos exigieron disfrutar de idénticos derechos tanto en la villa de Ardales como en el despoblado de Turón. Pedían que los ganados pudieran entrar libremente sin que el marqués pudiera vender las yerbas de Turón a rebaños forasteros y que no les llevara dinero por la madera y leña cortada en el despoblado, considerando improcedente que los guardas, puestos por el marqués, les impusieran multas. A pesar de que los abogados de la casa de Guzmán trataban de convencer a la parte contraria de que Ardales y Turón formaban dos señoríos distintos, dos jurisdicciones distintas, los testigos presentados por la villa de Ardales aseguraban que se trataba de una única jurisdicción "desde tiempos de los moros", "desde tiempo inmemorial", y que el marqués no podía impedirles gozar libremente de los pastos y de los rastrojos desde el día de San Miguel al primero de marzo (9). Ignoro la razón por la que Tribunal de la Chancillería de Granada, tanto en 1547 como en 1595, consideró el término de Turón como propio de Ardales, a pesar de los documentos que aportaba el marqués, probando lo contrario. En efecto, Ardales y su término fueron concedidos a Juan de Guzmán por el rey Enrique IV, según privilegio otorgado en Segovia el 5 de abril de 14655, en cambio la villa despoblada de Turón y sus tierras ingresaron en la Casa de Guzmán por escritura de permuta, fechada en Sevilla el 8 de enero de 1508. Por este documento, firmado ante el escribano público Miguel de Segura, D. diego Ramírez de Guzmán, Señor de Teba y Ardales, y su esposa Doña Brianda de Mendoza, vecinos de Sevilla en la collación de San Juan, acordaban con Juan Torres, hijo mayor del honrado caballero Francisco de Torres, veinticuatro de Sevilla, y de su esposa Doña Beatriz de Santillán, difuntos, que fueron vecinos de Sevilla en la collación de San Martín, permutar el donadío de La Ventosilla, con su torre, tierras, aguas, prados y dehesas, situados en el término de Utrera, por la villa y fortaleza de Turón, con sus casas, término, jurisdicción civil y criminal, alta y baja, mero misto imperio (10). Del cambio de propiedades ambas partes salían beneficiadas, pues Juan de Torres al conseguir la propiedad de La Ventosilla ampliaba sus lindes con el donadío de Valcargado, que también le pertenecía, y los Guzmán ampliaban su jurisdicción y propiedad a los términos limítrofes de Turón, Ardales, Teba, Campillos y Peñarrubia, extenso señorío que a lo largo del siglo XVI llegaría a ser uno de los principales graneros para surtir de trigo y cebada no sólo a Málaga y su Tierra sino a las plazas de soberanía española en el norte de África. Los Guzmán serán importantes proveedores de las Armadas Reales (11). La producción de cereal, perfectamente controlada y administrada por sus mayordomos, contribuyó a la repoblación de la extensa zona que, por las destructoras correrías de árabes y cristianos, había quedado convertida en un vacío humano, en un extenso desierto pantanoso. La desecación de las lagunas y su conversión en campos de trigo fue el origen de Peñarrubia y Campillos, que surgieron en la primera mitad del siglo XVI. En cambio continuarán despoblados Ortegicar, Turón y Priego. Este castillo del término municipal de Cañete la Real sufrió todas la vicisitudes de las plazas fronterizas, siendo objeto de las correrías de Garci-Fernández Manrique, Gómez Suárez de Figueroa, Hernán Arias de Saavedra en la primera década del siglo XV. Ignoro si fue población o simplemente castillo. Tema que podrían dilucidar los arqueólogos (12). |
| NOTAS
(1) Mármol Carvajal, L. del: Historia del rebelión y castigo de los moriscos del Reino de Granada. Madrid, B.A.E., Tº XXI, pág. 139. (2) Medina Conde afirma que en Málaga murió de la Peste Negra el monje sufita Mohamed Ben Admad Abu Abdala, conocido vulgarmente por Alcathan. Lo toma de un manuscrito árabe de la Bibliioteca de El Escorial, estudiado por Miguel Casiri: Biblioteca Árabe Escurialense, Tº II, p´g. 94. Cabrillana Ciézar, N.: Los despoblados... pág. 25 y ss. También me he ocupado del tema en: La Peste Negra en el Obispado de Palencia. Hispania, Tº XXVIII (1968), p´gs. 245-258. (3) Crónica de Juan II B.A.E. Tº 68, pág. 296. Madrid, 1923. (5) Mosen Diego de Velera: Memorial de diversas hazañas. P´g. 15. (6) Alijo Hidalgo, F.: Castillos y lugares del alfoz de Antequera en la Baja Edad Media. Baética, 2 (1), Universidad de Málaga, (1979), págs. 177-186. (7) Archivo Histórico Nacional, Sec. Osuna, leg. 96, nº 15. (9) Por el Concejo, Justicia y Regimiento de la villa de Ardales... Corte. A.M.M. H. P. ARD.CON, 2/41. (10) A.H.P.M. Sec. Protocolos, pág.. 6.225. (11) López Beltrán, M.T.: El puerto de Málaga en la trasición a los tiempos modernos. Málaga, 1986. (12) Peña Hinojosa, B.: Pequeña historia de la villa de Campillos. Málaga, 1960, pa´g. 36 y ss. |